miércoles, 23 de mayo de 2018

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La globalización, en la que México ha sido pionero entre los mercados emergentes, ha sido un factor de estabilidad mundial durante los últimos años. Entendida como una eliminación de barreras ideológicas y geográficas que propicia el intercambio no solo de bienes y servicios, sino también de ideas, personas, información y capital, la globalización ha desalentado —desde el fin de la Segunda Guerra Mundial— nuevos conflictos a gran escala. Además, ha contribuido al aumento del pib per cápita global y a la reducción de la pobreza.
Sin embargo, reconoce que este proceso también ha dado lugar a un cambio en los patrones de producción y comercio, incluyendo el reemplazo, en los países desarrollados, de obreros por robots o por mano de obra barata de los mercados emergentes. Si bien es innegable el aumento del ingreso gracias a la globalización, este no ha sido parejo. Desde 1891, ha habido dos picos de desigualdad en los mercados desarrollados y emergentes: en la década de 1920 y ahora.
Como beneficiario de la globalización, México cuenta 12 tratados de libre comercio que abarcan 49 países. Los más importantes son el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea (TLCUEM). La cercanía con Estados Unidos, los bajos costos de producción y la infraestructura nos han hecho líderes en producción automotriz, electrónica y otras manufacturas.
En México no hay un rechazo generalizado del libre comercio ni de la migración. Sin embargo, sí hay indignación por la desigualdad y la corrupción, y se acumula el resentimiento contra los políticos, explica el experto. Como en otros países —y particularmente en Estados Unidos, con la campaña de Trump y su llegada a la presidencia—, los populistas comienzan a atribuir todos los problemas a la globalización y asumen posturas contrarias a la migración y el libre comercio. Lo mismo sucede con el fenómeno del Brexit en Europa, donde algunos atribuyen los problemas a la migración.
Heyman reconoce que el crecimiento de la economía mundial no es el esperado; atravesamos el ciclo económico adverso más largo desde la década de 1970. Advierte que la estabilidad y la prosperidad ganadas desde la Segunda Guerra Mundial podrían retroceder si las propuestas populistas se contagian y triunfan simultáneamente en distintos lugares del mundo. Habla, incluso, de una ola desglobalizadora, que se ve reflejada en el decremento del comercio global y el aumento de las restricciones que se imponen.


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